Una mancha más al tigre

UnaManchaMasAlTigre

foto: ole.com.ar

Podremos discutir si las copas del Milán o las de Boca son más importantes que las del rojo, podremos discutir si hay algún club más grande que este Independiente de mística con 30 títulos, pero realmente no se si podremos discutir si hay algo peor, realmente traumático, hasta creo insoportable y parte de un masoquismo constante que ser hincha de la empresa Ra sin Club SA.

Otra vez te tuviste que conformar con nada, esta vuelta con un enfrentamiento indirecto. Otra vez el rojo verdugo tuyo academia. Otra vez llorás por tu papá. Otra vez no podés creer como tenés que ver en tu ciudad esos afiches descalificadores. Otra vez tenés que agachar la mirada y guardar esas pocas camisetas que asomaban con la ilusión de jugar la copa de tu padre.

Qué grande que es tu clásico hijo. Qué linda que es la mística. Qué feliz me hace ser hincha de este Independiente, que aún siendo tan grande, te tiene a vos como clásico. Como clásico hazme reír.

Cuando te mandamos a la B pensaste que esa rachita a la vuelta te podría hacer terminar el carma con tu abuelo. Pero la historia te seguirá condenando frente a este gigante que casi te triplica los títulos. Que tiene sus vitrinas llenas de hazañas, que ahora gana una Copa casi sin nada, sólo con su casaca.

Gritaste los goles de Argentinos, de Defensor, de Deportes Tolima, de Liga de Quito y hasta saliste por la tele gritando el gol de Goias, mientras empatabas con Godoy Cruz en Mendoza esperando porque tu papi te deje ser feliz.

El miedo que tenías hijo desde que supiste que el rojo, tu pesadilla de siempre, te podía sacar esa ansiada clasificación. Siempre supiste en el fondo que eso que para vos era miedo, para nosotros era motivación.

Volvés a caer en manos del amargo, ese rojo que no canta, que te llenó la cancha, que te armó la fiesta, que se volvió a sacar fotos en tu casa festejando a lo loco, que de a poco deja al descubierto tu mentira eterna.

Seguís acumulando papelones, me acuerdo rápidamente de las piernas de Crosa o del baile del Kun, del golcito de cabeza de Baéz, de la prendida de fuego, del descenso, de los 22, de tantas cosas… que no hacen más que sumarse a esta realidad actual: no sólo perdés tu cupo por otro campeón, sino que levantás la cabeza y ves al campeón, y lo conocés mejor que a nadie. Si, es el Rey, tu papá.

Pablo Scoglio