La paradoja de San Pedro y el Diablo

Segundo día en Roma. Nos tocaba la ciudad del Vaticano. Empezamos por Plaza San Pedro y después elegimos la cúpula de la basílica, para finalmente adentrarnos en la Iglesia de San Pedro, propiamente dicha.

Estábamos contemplando la belleza del lugar, con esa magnificencia que lo caracteriza, que por si fuera poco representa al centro del Cristianismo. Nosotros como siempre, todo atuendo rojo, infaltable, a todos lados.

Ya en el centro de la basílica, tuve que bajar la mirada de aquellas imponentes esculturas que predominan en las altas paredes, para prestar atención a alguien que me llamaba: “…Independiente?!… Son de Independiente?… Mirá… mirá…”, fue lo único que dijo. Miré hacia ambos lados, pero definitivamente me hablaba a mí… Quería mostrarme algo. Me acerqué para ver qué buscaba. Ya había tirado su mochila al suelo y buscaba su billetera. Cuando logra abrirla, ahí estaba, el pasto del Glorioso Libertadores de América. Sí, lo llevaba consigo a todos lados.
Esa fue nuestra primera comunicación, y ya sabíamos que los colores nos unían. Era de Sarandí, pero desde 2004 vivía en Roma. Estudiaba ahí arriba de la Basílica de San Pedro, teología; pero su pasión por el rojo seguía intacta.

Su sueño era poder algún día encontrarse ahí adentro con hinchas rojos, y ese día había llegado. Sacamos la bandera que llevábamos con nosotros a todos lados y nos sacamos una foto para plasmar el momento. Para esa altura ya se nos hacía difícil intentar seguir deslumbrándonos con la belleza del lugar sin intercambiar esas palabras sobre el Rojo de Avellaneda.

Cuando la policía vino a pedirnos que guardáramos la bandera – era entendible, era una basílica y debe reinar la tranquilidad y el respeto – nuestro nuevo amigo intentó explicar: “è la nostra squadra di Argentina, il nostro amore, la nostra passione”. Pero estamos seguros que nunca lo entendería, nunca van a saber lo que significa ser hincha de Independiente, sentir esta pasión que une gente en cualquier parte del mundo. La guardamos…

sanpedro

Yo, Pablo, Gonzalo, Esteban y Pablito.

Ya de vuelta en nuestro país, envié la foto a Gonzalo – así se llamaba nuestro amigo rojo – para que la guarde como el recuerdo que había cumplido su sueño de encontrar hinchas de Indep’te tan lejos de su casa.

Me tomo el atrevimiento de pegar su respuesta en este blog, para poder compartirla con la gente que siente esto mismo:

(…) LA VERDAD QUE (…) ESE DIA FUE CASI UNA EXPERIENZA RELIGIOSA. (…) HAY COSAS QUE NO SE PUEDEN COMPRAR….ENCONTRARSE CON HICHAS DEL ROJO EN LA BASILICA DE SAN PEDRO….NO TIENE PRECIO….GRACIAS POR LA FOTO LA GUARDARE COMO UN DIA DE PASION Y LOCURA….ESPERO QUE NOS VOLVAMOS A VER ALGUN DIA EN EL LIBERTADORES DE AMERICA….AHORA A PENSAR EN COLON QUE TENEMOS QUE GANAR… (…) QUE DIOS LOS BENDIGA…..GONZALO

Cuando leí la respuesta y la compartí con el resto de los viajantes, supimos que iba a ocupar una sección en este blog. Porque esas líneas y lo que vivimos ese día en San Pedro no son sólo un encuentro y una foto. Es una demostración de lo que puede hacer el sentimiento que tenemos por estos colores.

No creo que pase en muchas partes del mundo, por eso nunca lo vamos a poder explicar. No te van a entender. Nunca vamos a poder ni siquiera tratar de igualar esto a cualquier otro sentimiento, es distinto a todos los demás.

Poder estar en algunas partes del mundo te pone la piel de gallina, pero encontrar hinchas del Rojo en esos lugares provoca algo profundo, y no tiene una palabra para describirlo. No me voy a preocupar por explicarlo bien, no voy a poder. Pero estoy seguro que los Diablos que lean esta nota van a saber lo que se siente. Es lo lindo que tiene esto. Más allá de la cultura, de la formación, de las experiencias, hay algo que nos une a todos. Estos colores que supieron y saben ser grandes, pero grandes en serio.

Este tipo de vivencias lo hacen sentir a uno orgulloso de ser hincha del club más grande del país. Lo hacen sentir a uno más grande, más lleno por dentro, más conforme de llevar estos colores; y pueden demostrar que hasta Dios se puede llevar bien con el Diablo…

Germán Scoglio

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