Lo que más me acuerdo de esa mañana de enero de 1978 es que cuando salí a la calle con la camiseta del rojo puesta, todos me felicitaban. Yo tenía 7 años y todavía el fútbol era solamente una pelota que pateaba en la vereda con amigos. No era todavía lo que iba a ser después. Sobre todo después de aquella mañana.
La cosa es que con el correr del día me fui enterando de a retazos de que había habido un partido la noche anterior. De que en ese partido Independiente había hecho algo grande. De que Pastoriza esto, de que Bochini lo otro. Yo me iba anoticiando a medida que me felicitaban a mí por el sólo hecho de tener puesta una camiseta roja con el 10 en la espalda, que me habían traído los Reyes Magos ese mismo enero. “¡Qué campeonato ganaron, nene!”, me dijo el diariero “¡Con tres tipos menos!”. También éramos campeones y con hazaña, y yo que no me había enterado, que no sabía nada de nada. A mí me llenaba de orgullo que todos me saludaran por la calle, conocidos y desconocidos, aunque me daba un poco de vergüenza no saber lo que había pasado. Sólo esperaba que volviera mi papá del trabajo para preguntarle. Lo único claro hasta ahí es que había pasado algo grande y que me lo había perdido. Yo asentía a todos con la cabeza y sonreía para disimular. A la noche, cuando me fui a dormir ya empapado de la proeza en Córdoba supe que otra vez no me iba a quedar afuera de algo así.
Desde entonces, en cada cumpleaños mío, a la hora de soplar las velitas, los tres deseos siempre eran los mismos: el primero, que Independiente saliera campeón del Metro o del Nacional; el segundo, que saliéramos campeones de la Libertadores y el tercero, que alguien inventara una máquina del tiempo para viajar al pasado. Pero no a cualquier pasado, sino a aquella mágica noche en la cancha de Talleres, a aquel 25 de enero de 1978. Para poder estar ahí en el calorcito de esa noche cordobesa, en la caldera de la tribuna visitante. Estar ahí para sentir el golpe bajo del penal regalado a Talleres y al general Menéndez por un árbitro cobarde, estar ahí para ver incrédulo el gol con la mano de Bocanelli. Estar ahí para sentir toda la rabia del Negro Galván -”tengo dos hijos, me da vergüenza esto, écheme” dicen que le dijo al juez. Estar ahí para sentir la bronca interminable de Omar Larrosa que le mostraba la camiseta a Barreiro gritándole en la cara la usurpación. Estar ahí para sentir las lágrimas impotentes de Trossero. Estar ahí para ver con indignación la tarjeta roja que los mandaba afuera a los tres. Tener una máquina del tiempo para estar ahí, para sentir el desánimo que sintieron los 8, que querían irse junto a sus compañeros expulsados, pensando que se venia la goleada ¡si Talleres tenía un equipazo!. Estar ahí para cantar en la tribuna con los dientes apretados y la garganta hecha un nudo. Una máquina del tiempo que me permita vivir el sueño de estar ahí para sentir luego el amanecer de la esperanza al ver surgir al caudillo de todos, al Pato Pastoriza que los arengaba a volver, que los instaba a jugar, que los invitaba a ser héroes, a luchar por quedar para siempre grabados en el mármol indeleble del alma de cada hincha rojo. Estar ahí para abrir los ojos bien grandes de asombro al ver como Biondi, Bertoni y Bochini se iban prestando la pelota, generosos, en una cruzada imposible porque los de camiseta azul y blanca eran más, eran miles, eran infinitos. Estar ahí para sentir el cuerpo erizándose de a poco, estirándose los músculos, despertando al sueño imposible mientras el 10 le daba despacito poniendo la bola lejos de Guibaudo. Estar ahí para sentir como la garganta iba preparándose para gritar el gol eterno del Bocha de los goles eternos, ese 2 a 2 que nos daba el Nacional del ’77 para toda la eternidad en el día de su cumpleaños. Estar ahí y mirar el cielo negro de Córdoba y dar las gracias por estar ahí. Una máquina del tiempo para estar ahí y exclamar en un alarido interminable y glorioso, expresión de la epopeya, un atronador ¡Vamos Independiente, carajo!
Hoy, cuando la máquina del tiempo de todos los días, esa que a cada segundo nos lleva un segundo hacia el futuro; hoy, cuando la vida me ha alejado inexorablemente 33 años adelante de aquella noche increíble, pienso en lo mucho que ha cambiado todo desde entonces. Independiente era la mística, la familia, el orgullo nacional, la lucha heroica contra la adversidad… ¿Cuándo se empezó a perder todo eso? ¿Cuándo fue que nos empezaron a vender la pasión, a empeñar las ilusiones, a lucrar con nuestras almas? Cuando veo todo esto que nos están dejando, todo lo que nos están quitando, pienso que la ilusión de la máquina del tiempo es más fuerte hoy que antes.
Hoy, cuando Independiente se debate entre volver a ser para seguir siendo, o dejar de ser definitivamente. Hoy, cuando ya no son los de afuera los que revolotean como buitres, sino que es desde adentro donde crece el cáncer. Hoy es cuando Independiente tiene, como aquella noche inolvidable, un partido chivo en serio. Una final final, con todo el mundo en contra, contra todo el poder del dinero y el dinero del poder. Hoy se está por jugar otra vez un partido de ocho contra once. Hoy otra vez ellos quieren que perdamos. Ellos, los que tienen todo, pero carecen de la pasión, del ardor, de la entrega, del amor inquebrantable por un color, nos quieren arrebatar definitivamente de nuestra roja y entrañable divisa.
Entonces me doy cuenta de que, a veces, los deseos de los cumpleaños de la infancia se cumplen cuando tienen que cumplirse, que la máquina del tiempo que veía con los ojos cerrados entre el olor del chocolate y el ‘que los cumplas feliz’ no era una simple ilusión de chico. Que el partido que está por jugarse ahora es entre el amor y el dinero, entre la pasión y el negocio, entre la miseria y la mística. Me doy cuenta de que hay equipo, que todavía está en manos del pueblo de Independiente la bandera roja de los gallegos de antes, que todavía hay quienes se juegan a fondo por amor a la camiseta. Entiendo que estamos igual que en aquel enero de 1978, en un juego desigual, ocho contra once, pero, como aquella noche, no está escrito que no podamos ganar.
La máquina del tiempo existe. Héroes y heroínas de Independiente Místico han sido sus arquitectos Sólo falta que el 18 de diciembre sepamos hacerla funcionar y podamos alzar la voz bien alto gritando ¡Vamos Independiente, carajo!
Christian SAVINO






Ufff! Que relato!!!! Excelente. Se me puso la piel de gallina y los ojos llorosos como cuando leo los cuentos de Eduardo Sacheri.
Felicitaciones al autor de este relato y esperemos que esa maquina del tiempo nos lleve a todos los verdaderos hinchas, de cancha o tele, pero hinchas del Rojo y no de la plata, los negocios, el poder.
Abrazo de gol para todos!
QUE RECUERDO IMBORRABLE CON MI VIEJO EN EL COMEDOR MIRANDOLO POR TELE. SUFRIENDO COMO LOCO POR EL GOL CON EL BRAZO ,POR LAS EXPULSIONES, PERO NI CON TODO ESO PUDIERON CON ESO HOMBRES DENTRO Y AFUERA UN SEÑOR PATO CON TODAS LAS LETRAS.UNO DE LOS MEJORES RECUERDOS
Uf, tengo un nudo en la garganta. Nada más para agregar. Excelente. 11 puntos.
que cierto y gran verdad yo con mi edad disfrute y como esa epoca del rojo, felicito al hincha por su relato lleno de emocion y recuerdos ciertos y verdaderos esperemos que muchos lo lean sobre todo esta gente que no tiene pasion a ver si la recuperay dejan de llenarse los bolsillos y piensan mas en el club y sus verdaderos hinchas porque nosotros alROJO lo queremos
Excelente!
Este partido es MUCHO mas importante que el mencionado en el excelente relato. Nos debatimos entre EXISTIR O PERECER.
Este si es VIDA O MUERTE, literal!
c m cayeron las lagrimass!! al recordar ese dia en cordoba junto ami viejo(q ya no esta) mi vieja y mi hermano..tenia 7 años, fue imprecionante, entre muchisimos recuerdo, cordoba estaba toda pintada de azul y blanca esperando la fiesta, en la cancha recibi un maranjaso, claro si tenia puesta la 10 del mas grande x lejos!!!yo les cuento amis hijos de lo grande q somos, y ven esta realidad q tenemos, y no c puede creer, LPM!!
Genial… Como me acuerdo de las lagrimas de esa noche, y esa alegría rara, desconocida.
Buenisimo!!!!! PIEL DE GALLINA!!!!!!!!!!!!!! Felicitaciones Cristian, ojala todos sintieran al rojo asi como vos!!!! todo andaria mucho mejor!