Error, actitud y gente

Elegí este título poco original porque hoy no voy a estar con vueltas. A mí, como a tantos Rojos, nos dura la calentura. No quiero abusar de ella pero me parece que sin lugar a duda los tres ítems que pongo ahí en el encabezado son los pilares para que se haya perdido un nuevo torneo.

A mí me gusta decir – porque así lo creo – que los errores en la vida se pagan. A veces al corto, otras veces al largo plazo, pero se terminan pagando. Independiente viene de una seguidilla de errores que lo hace otra vez perder un torneo. No nos ceguemos diciendo que la suerte no está de nuestro lado. La suerte siempre acompaña, pero no es pilar de grandes triunfos ni de grandes derrotas.

Un arquero de fútbol tiene que hacer básicamente tres cosas principales –exagero, pero no disto mucho de lo real-: atajar los remates de larga distancia, achicar los mano a mano y descolgar los centros. Después puede haber complementos, como sacar del arco con el pie y demás. Y con esto no discuto las condiciones de nuestro arquero que tiene mucho futuro; sino que digo que falló en una de las cosas que un arquero no puede fallar. En una final de torneo había que romper esa pelota llovida. Sin dudar.

Un delantero tiene que hacer también tres cosas – vuelvo a exagerar -: cabecear, definir un mano a mano y tener una pegada de lejos. Silvera yerra un mano a mano con Huracán que le quita 2 puntos a Independiente. De vuelta, no dudo de las condiciones de este goleador enorme que nos supo dar un campeonato. Simplemente destaco los errores que hacen que Independiente hoy no esté ganando su torneo número dieciséis.

De 4 juega un 4. El fútbol se inventó hace más de ciento veinte años, está todo creado. No inventemos cuando tenemos que jugar una final. Cuando nos arrepentimos perdimos tiempo y un cambio. Son todas ventajas que damos y nos alejan mucho de la perfección necesaria para ganar un torneo y estar en lo más alto como el Rojo siempre supo estar.

Con Gimnasia se pierde por un error de Mareque, como también el torneo pasado con Banfield. Y fíjense que nombro a tres de los estandartes de Independiente. Este último un gigante, un enorme número 3 que siempre fue abanderado de lanza y el contagio en el Rojo. Pero los errores se pagan. Nos pasa a todos, laboralmente, día a día, tenemos errores. Cuando nos equivocamos la empresa propia o para la que trabajamos pierde dinero. Y con esto no digo que yo me quiera equivocar. Al revés. Pero lamentablemente en la evaluación final no juega la intención. Aquí el dinero son los puntos, e Independiente dio muchas ventajas. Por eso lo pierde.

El segundo punto que quiero tocar es la actitud. Y no tiene nada que ver con lo que vengo exponiendo hasta ahora. Esto sí me da bronca. Con un dolor grande tengo que decir que no vi a un Independiente con una actitud de campeón. Con el permiso de ser repetitivo con respecto a relatos anteriores, los que jugamos al fútbol entendemos que Independiente podía y debía haber dejado más en cada pelota. Era una final. Sabemos también que cada uno de nosotros se moría por tener los botines de Acevedo, los de Nuñez, los de Gandín, los de cualquiera de los once. Les aseguro que no íbamos a estar cansados. Íbamos a dejar el corazón y los pulmones por este torneo para el Rojo. La verdad que no sentí lo mismo de los jugadores. No pegamos una patada, no impusimos presencia, lo dejamos jugar a Riquelme como si estuviéramos jugando en el patio de su casa y él fuera el dueño de la pelota, donde a la primer patadita el 5 nuestro le pedía perdón.

Según dicen, Pusineri era negativo para el grupo y por eso tuvo que dejar el club. Ayer lo extrañé. Sinceramente. Lucas sabía (sabe) como jugar estos partidos. Y contagiaba. Esta vez faltó un San Lucas. La línea de fondo lo intentó, pero le faltó. Dejamos jugar a todo Boca. No nos sacaron una amarilla por pegar una patada. Nunca hicimos sentir el rigor de ser INDEPENDIENTE – sí, con mayúsculas, INDEPENDIENTE -. Para que todos nos acordemos lo que significa ese nombre. Antes no perdíamos estas finales. Ellos tenían miedo. Lo había hablado con “bosteros” el día anterior. Todavía nos tienen miedo, estoy seguro. Pero no supimos poner la casaca roja en lo más alto.

Y por último, quise dejar estar tema para el final. Espero no pecar por caliente – todavía no salgo de mi ira -. Pero… ¿que aplaudía la gente cuándo terminó el encuentro? ¿A quién? ¿Estaban contentos por la actitud del equipo? ¿Por dejar pasar otro torneo? ¿Por perder con Boca? Puedo seguir… Una vez más voy a ser repetitivo, y pido perdón si soy muy exagerado o directo, pero esto es Independiente. ¿Qué pasa con el paladar negro del hincha Rojo? No nos podemos permitir perder una final. Había gente que en el gol nuestro lloraba en la cancha. Por el amor que tenemos por este club. No nos podemos dar el lujo de aplaudir (aunque no pretendía tampoco la violencia o el insulto).

Yo no quiero creer que en la cancha están quedando estas generaciones jóvenes que van con la excusa de juntarse con amigos. O aquellos que como no vieron lo años gloriosos de Independiente hoy una campaña buena los sorprende y piensan que es lo mejor que se puede dar. Si dejamos pasar este año entramos en la peor racha de la historia sin ganar un torneo (ocho años). Por favor, somos Independiente. No estábamos acostumbrados a perder torneos. Las finales eran todas nuestras. Ya perdimos dos en un año. No aplaudamos, por favor.

Con estas líneas no quiero dilapidar al equipo, tengo que rescatar las cosas buenas también. Pero la verdad que hoy no me sale. No puedo focalizarme en la suerte que no tuvimos y aplaudir. Lamentablemente. Tengo que focalizarme en la historia de este club. En la grandeza que nos caracteriza. En todo lo que fuimos como la institución más grande del país. Espero que algún día recuperemos esa identidad. Empecemos desde la tribuna…

Germán Scoglio

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